El tacaño Jack y el verdadero origen del jack-o-lantern
Cuenta la leyenda que hace siete siglos vivía en Irlanda un borracho conocido como «Jack el Tacaño». Jack era famoso por ser un embustero y un manipulador. Una noche, Satanás escuchó los numerosos relatos de las maldades de Jack. Intrigado y un tanto envidioso, el diablo fue a comprobar por sí mismo si Jack estaba a la altura de su fama. Una noche, un Jack ebrio vagaba por el campo cuando se topó con Satanás. Temiendo que su fin era inminente, Jack negoció con el diablo para que le concediera un último deseo antes de abandonar este mundo: pidió que le dejara tomarse una jarra de cerveza antes de partir al infierno. Sin ver ningún motivo para negarse, el diablo aceptó. Satanás llevó a Jack al pub del pueblo, donde este bebió hasta saciarse. Al terminar, Jack tuvo la desfachatez de pedirle a Satanás que pagara la cuenta. ¡Increíble! Ocurrió que Satanás tampoco llevaba dinero encima. Jack convenció a Satanás de que se transformara en una moneda de plata para pagar al tabernero y que luego recuperara su forma cuando este no mirara. Satanás, impresionado por la astucia de Jack, accedió. Pero Jack era listo: en cuanto el diablo se transformó en moneda de plata, la cogió y la guardó en su bolsillo, donde también había un crucifijo. La presencia de la cruz impedía que el diablo escapara de su forma de moneda. Jack obligó al diablo a perdonarle la vida durante los diez años siguientes; Satanás cedió y fue liberado.
Pasaron diez años y Jack volvió a encontrarse ante el diablo, aunque esta vez Jack parecía dispuesto a partir. Cuando Satanás se preparaba para llevarse a Jack al infierno, este le pidió que le dejara comerse una manzana. Sin que Satanás lo supiera, era otra de las trampas de Jack. De nuevo, el diablo aceptó; Satanás trepó por las ramas de un manzano cercano. Mientras el diablo subía, Jack rodeó la base del árbol con crucifijos, atrapando al diablo una vez más. Furioso por verse atrapado de nuevo, Satanás exigió ser liberado. Jack negoció con el diablo igual que había hecho antes y le exigió que nunca se llevara su alma al infierno. Sin más remedio que aceptar, el diablo accedió y fue puesto en libertad.
Pasaron los años, la bebida acabó con Jack y este murió. A su llegada a las puertas del cielo, Jack fue detenido y rechazado por Dios. Debido a su vida pecaminosa y sus hábitos de bebida desenfrenados, Jack fue denegado. Cuando Jack bajó a las puertas del infierno, tampoco fue admitido. Como Satanás había cumplido la promesa hecha a Jack, el diablo se negó a llevarse su alma. En su último encuentro, Satanás le entregó a Jack una brasa que este metió dentro de un nabo ahuecado para alumbrar su camino, condenado a vagar por el mundo entre el bien y el mal.
¡Menuda historia! Hasta que se popularizó la clásica calabaza, la gente utilizaba el nabo sueco para todo tipo de tallados. ¡Qué curioso resulta pensarlo ahora!

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